A falta de 20 minutos para llegue la hora del miedo, un torero sale al balcón de la habitación de un hotel. Está junto a su apoderado. La chaquetilla... seguro que aún aguarda en su silla.
Abajo... en la calle, una buena retahíla de aficionados esperábamos al autobús que nos iba a acercar hasta la plaza de toros.
Pero... sin saber por qué, sin poder explicar cómo... un aroma de ARTE se introdujo en los poros de la piel. Y tuvimos que mirar hacia el hotel, hacia arriba. Allí estaba Morante. Siendo, como siempre... diferente.
Ayer fuimos testigos de un instante de los minutos más secretos de un torero... el momento en el que, en la soledad de la habitación de un hotel, se va vistiendo su cuerpo de luces. Mientras su cabeza... se va cuajando de miedo. Los minutos antes del miedo.
Morante de la Puebla en Las Ventas bien valía un puro.
Y mi chapa en la solapa.
Aunque después.... la emoción, la alegría, el sentimiento y la admiración... sólo tenía un nombre: ESPLÁ....
¡Qué gran tarde! Fue hace tiempo, pero hoy viendo las fotos no he podido por menos que recordar aquellos momentos en los que Esplá fue, sin lugar a dudas, el hombre más feliz de la tierra.
¡Enhorabuena, maestro! Y gracias por hacernos sentir tanto.
Amigos mios que estais en la blogosfera, santificados sean vuestros nombres.
Vengan a mí vuestros reinos. Hágase, o no, vuestra voluntad, así en la tierra, como en el suelo. Que siempre tengamos el pan de cada día. Perdonad mis ofensas como quizá yo perdone a los que me ofenden. Y ¡dejadme caer en la tentación! Porque del mal.... no nos va a librar ni Dios.