Monjas de clausura
Desde hace algunos meses he tenido la oportunidad de realizar una serie de reportajes a monjas de clausura.
Describir los sentimientos que provoca hablar con estas mujeres que llevan, algunas de ellas, más de 60 años sin salir del convento... es muy complicado.
Es una mezcla entre paz y asombro. Entre incredulidad y fe. Una simbiosis entre locura y cordura. Entre ¿por qué algunas personas sienten lo que ellas llaman "la llamada" y otras no? Porque ellas sí y yo no.
La tranquilidad que desprenden en el tono de su voz es contagiosa. Y cuando ríen... es como una desbordante alegría.
Personas que han hecho de la oración, de la conversación interior, una forma de vida. Que dedican más de 15 horas diarias a la oración. Que se levantan a las cuatro y media de la mañana. Que trabajan (cosiendo, realizando pastas, empaquetando ropa, lavando para otros conventos...) durante otra buena parte del día. Y que son felices... Que no necesitan escuchar la radio, ni ver la televisión.... Aunque también hay otras que se han metido en Internet y que están perfectamente comunicadas. Pero eso, también es verdad, es gracias a la llegada de las monjas más jóvenes, generalmente extranjeras, que han venido a los conventos para transmitir juventud y más alegría a las que ya están muy mayores....
Sorprendente. Es sorprendente...
Así tuve la suerte de hablar con las Bernardas, con las Clarisas, con las Dominicas, Con las Esclavas del Santísimo y de la Inmaculada, con las Franciscanas de la Tercera Orden, y con las Salesas Reales.
De todas aprendí algo. Con todas saqué conclusiones. Y me ayudaron a pensar. Que hay una vida más allá del consumismo. Del estrés diario. De la ambición por el trabajo....
Y también me ayudaron a saber que la vida que he elegido es la que quiero. La que me llena. La que deseaba vivir.
Y todo esto para mostrar este video que han llevado a cabo las Carmelitas Descalzas del Monasterio de clausura de San José, en Sevilla. Un vídeo que "invita" a la vida religiosa...
Jamás sería monja de clausura. Es más. No acabo de comprenderlo. Pero... ¡lo respeto tanto!
¿De quién son estos piececillos que estaban calzados con un súper zapato de caballero?
¿Sería casualidad?

