Réquiem por el Gran Hotel

Eran piedras, sí. Pero ¡qué piedras! Era un simple edificio. Pero ¡qué edificio!
Esta mañana caminé los alrededores de la Plaza Mayor de Salamanca. Esa bella plaza de tronío. Esas baldosas que caminaran mis abuelos. Que caminara mi madre cuando se enamoró de un altivo y espigado mozo. Las mismas que después yo recorrí cuando, agarrada de la mano por vez primera, sentía los gorgoritos de la timidez en mi piel de adolescente.
Y de repente... Una tremenda tristeza pobló mi pensamiento. Al bajar las escaleras... hacia el Gran Hotel... la nada se hizo protagonista. Cientos de escombros. Miles de recuerdos. La historia viva de una ciudad que se marcha a golpe de excavadora y remolques. A golpe de capricho. Del vil metal.
No es justo tirar abajo la memoria. Las esperas en sus escaleras. La emoción de la primera entrevista. Los vinos de la feria. Las esculturas taurinas, los grabados de Chertudi. La misma vida encerrada entre paredes que ahora son humo. Que ahora son cero. Que ahora... es vacío.
Ignoro si es justo o no. Pero, desde luego, lo que sí sé... Es que es triste.


Teresa Encinas dijo
Pues lo primero tristeza desde luego y lo segundo un cabreo que no veas!
29 Abril 2007 | 01:43 AM