De vez en cuando, viene la nostalgia a tirarme del pelo. Y entro en la página del maestro Alfonso. Y leo sus crónicas.
Hoy he llorado de nuevo leyendolo. Porque me he encontrado este artículo que publicó en Tribuna y que tengo enmarcado en mi corazón. Fue cuando varias traiciones provocaron una cornada hiriente que desangró un trocito de mi alma. Una cornada, gracias a Dios, olvidada.
Gracias de nuevo. Maestro.
"Ya sé que estás algo desilusionada porque no he sido el primero en dedicarle un artículo a esa desdicha tuya de verle la cara a la muerte cuando la juventud te revienta por las venas y vas por la vida de faraona. Tenía que haber sido el primero en ejercitar la vistosa hipocresía de la solidaridad, siquiera por cariño a la compañera de tantas noches de triunfo compartido. Porque fui de los primeros en conocer tu cornada y en ir a verte cuando estabas sola, antes que llegara esa procesión de ramos de flores. Pero como no sirvo para las lisonjas, he dejado pasar los días para que te llenaran de cortesías. Porque lo que tenía que decirte ya lo escuchaste a solas para que te vayas cayendo de una puta vez del guindo de tu inocencia. De que todo el mundo es bueno, que todos los amigos son maravillosos y toda la gente es adorable. Ahora te darás cuenta que tu padre y yo sabíamos más que los médicos cuando trataban de averiguar con los análisis y los electros la causa de tus dolencias. Tenías las llagas en el alma y el alma no sale en las radiografías. Tu padre y yo sabíamos hace tiempo que eres una criatura indefensa, sin sospechar que vives rodeada de lobos y que el trombo ese del cerebro no tenía más explicación que la de algunos hijos de puta que han pisoteado tu buena fe para abrirse camino en su carrera de trepas. O de carroñeros del compañerismo. Y tú en la higuera. Porque ya tenías motivos para desconfiar de los cantos de amistad. Fíjate la cantidad de puñaladas que me han dado siendo más viejo, más listo y más malo que tú. Ahora te explicarás cuando entre los nervios de nuestros programas en la tele no sabías por qué te hacía llorar, exigiéndote la altura que esperaba de ti, cuando otros estaban deseando un fallo para ponernos en la picota. Ahora ya no pensarás que soy un déspota mientras los demás te adulaban. Ahora te das cuenta que nunca te he fallado mientras otros te estaban traicionando. Vas de buena por la vida y no te dabas cuenta que algún canalla te pedía la cama para conservar tu puesto. Y te viste en la calle por legal y por decente. Tu padre y yo sabemos que quienes más obligación tenían de quererte estuvieron cavándote la fosa. Ya te habrás dado cuenta que el éxito no sirve de nada si no se tiene alma de alimaña. Tienes el ejemplo en casa: tu padre pudo ser figura del toreo si hubiera tenido esa mala hostia que hace falta para triunfar. Y ahí lo tienes ahora, haciéndole favores a todo el mundo y cuando le hace falta algo suyo le fallan los que sirvió. Ya ves por qué no he sido el primero en echarte flores. Ni en ejercitar la falsa hipocresía de la solidaridad. Yo sé mejor que nadie todo lo bueno que llevas dentro. Pero mi mensaje es bien distinto. ¡Jódete y aprende! "
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10 comentarios
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mi torero no corre dijo
Puedes estar muy orgullosa de ser como eres. Yo a veces lo pienso y me da igual cm sean los demás si mi conciencia está tranquila después de actuar bien. Además de toda esa gente de la que hablaba Alfonso, a tu lado tb hay gente buena que te quiere y quiere que estés bien y sigas siendo cm hasta ahora.Estoy segura.
30 Abril 2007 | 10:00 PM