Con el reposo y el remanso que otorgan los días y el paso del tiempo... sigo acordándome de El Puerto.

Acordándome de una noche de arte, de un dolor insufrible de pies, de una caminata de risas, de unas lentillas, de un adiós. De una espera de taxi. Y de mucha complicidad... De un doble con mucho arte. Y de un apoderado... inolvidable

De una madrugada de chistes, de cantes, de encantos. De sonrisas y casi playas. De miedos y controles de policía. Y de un café mientras amanecía en una terraza donde, hasta los perros, llegaban motorizados

De una familia... De una gran familia....

Y de mis niñas con el médico más artista de la ciudad

Por no hablar de la torera procesión con El Guitarra a cuestas...

O el buen cante, compartido y compartible. Admirado. Y admirable.