El ramo de margaritas
Después de una noche en vela... se levantó cansado y con ganas de llorar. La vida se le venía grande. Porque miraba a su alrededor y el negro se había convertido en su arco iris particular.
Se vistió deprisa. Pero con desgana. Se lavó los dientes, se afeitó sin mirarse y se anudó la corbata al cuello. Sin pensar. Sólo veía negro. Sólo sentía en negro.
Caminando hacia su trabajo se miraba en los escaparates, pero sin verse. Era como una radiografía que mostraba un enorme tumor en su alma. Un cáncer de sentimientos que le impedía disfrutar lo que había ganado.
Fue cuando recibió una llamada de teléfono que le devolvió la sonrisa. Que le hizo ver que no todo estaba perdido. Y que el catafalco que se había incrustado en su corazón podía convertirse en un color elegante y hermoso.
Fue cuando, sin apenas darse cuenta, al colgar el teléfono, comenzó a tararear una canción. A saltar el paso de cebra pisando sólo en las rayas blancas.
Y fue cuando se dio cuenta que no iban a poder con él. Que era mucho más fuerte que aquellos que deseaban su infelicidad. Aquellos que se empeñaban, día a día, y sibilinamente, acabar con su presente aprovechando su pasado.
Y fue cuando sonrió a la mañana. Y entró en una floristería y se regaló un ramo de margaritas para alegrar la mesa de su oficina. Y fue cuando pensó que aquella persona, y todo lo que le rodea, no iba a desguazar su futuro.
Levantó la vista. Y gritó: ¡Que se joda!


AIDA dijo
NO,NO,NO... MEJOR,MUCHO MEJOR : QUE NO JODA EN SU VIDA !!!
26 Febrero 2009 | 03:32 PM